Soy Penumbro

Entreabriendo el closet

Abrazo

Este tiempo empecé a sentirme particularmente sensible a los gestos.
Es que el complejo mundo de los afectos y nuestras torpes limitaciones de expresarlos, encuentra preciosos atajos en los gestos. Una sonrisa, una mirada profunda, una palmada en la espalda, un abrazo… pueden decir tanto como el más sincero te quiero mucho. Incluso las palabras muchas veces quedan cortas cuando se trata de experiencias compartidas, de sentimientos que se viven entre varios. No dejo de estar convencido en que deberíamos decir más, pero también sigo creyendo en que la afectividad expresada en gestos tiene una preciosa importancia.

Estos días he ido subrayando el valor de un abrazo. Siento que es la formula más bella, separada del ámbito de la pareja, que encontramos las personas para comunicarnos amor. Es ese cariño más puro, despejado del deseo y la pasión de dos amantes, que acerca literalmente a dos.
Nunca había retenido en que abrazar a otro, ese abrazo que se sostiene y que cubre al otro, puede llegar a emocionar si se vive con verdad. La proximidad se siente, se percibe en la piel. Es un gesto tan corporal y físico como de espíritus que se encuentran.

Siento que tengo grabados en el alma abrazos significativos de mi historia, incluso algunos subrayados por las lagrimas de quienes estábamos involucrados. Recuerdo el casamiento de un primo que hacía mucho que no veía, recuerdo un amigo en el velorio de mi abuela, recuerdo mi padre al despedirse de mi en un tiempo que que iba a estar lejos, recuerdo los más cotidianos con mi mejor amigo, recuerdo… recuerdo… y así como recuerdo añoro.

Nada nos hace latir más como el sentir correspondido y en el abrazo queda tan patente que, siendo sincero, añoro un abrazo. No es que esté falto o carente, no es este un llamado desesperado de alguien que no los tiene. Pero les confieso que me he vuelto particularmente sensible en este tiempo y he encontrado en el abrazo la fórmula perfecta para consolar mi amor, o mejor dicho mi falta de amor de pareja.

Debo reconocer que en tiempos de estar solo, la familia y los amigos adquieren un rol bien importante y uno capitaliza los gestos para vivir la vida con felicidad. Uno redescubre relaciones, profundiza vínculos y retiene cada abrazo cargado de sentido.

El último abrazo fue con mi hermano, luego de hablar sobre mi sexualidad. Quizás no fue un abrazo intenso y apretada, pero si fue de esos que igual, por el contexto, significaba mucho. Contar verdades, bajar el nivel de intimidad, acerca y une. Ayer con mi hermano traspasé una barrera y gané en confianza y cariño.

Hoy más que nunca: decido vivir desde el abrazo

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This entry was posted on January 23, 2013 by .
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