Soy Penumbro

Entreabriendo el closet

Amistad, pique o historia

Cuando uno comienza a meterse a fondo en el mundo de las relaciones, uno necesariamente aprende que no todos los vínculos son iguales ni valen lo mismo. En este último tiempo he aprendido que “amistad”, “pique” e “historia”, por clasificarlos de alguna manera, no son lo mismo. Naturalmente nada es estático y las cosas evolucionan cuando uno conoce a alguien, pero hay ciertos patrones que uno tiene que distinguir y que se definen en alguna etapa inicial del vínculo.

Mientras que en la “amistad” prima el afecto por encima de la atracción, en el “pique” es pura atracción y, lamentablemente, suele carecer de afecto. En la “historia”, atracción y afecto se entremezclan y potencialmente parecerían retro alimentarse.

Hay algunas personas con las que uno tiene afinidad, hay atracción naturalmente, pero la profundidad del vínculo invita a cultivar una amistad. Son esas personas donde la sexualidad pura y dura deja paso a un afecto que trasciende. Son personas donde crece la confianza, el diálogo franco, la transparencia. Un vínculo horizontal sin seducción. Son vínculos de compañeros de camino que tanto hacen falta para vivir la vida con plenitud. 

Hay otras personas que sacan lo más impulsivo de uno. Que despiertan, sin sonar negativo, al cazador que todos llevamos dentro. Es una relación guiada por el hambre y la sed de otro, que responde al deseo de un encuentro elemental. Son relaciones que surgen una noche, que aparecen y desaparecen. Algunas quedan ahí y uno las tiene latentes. Son acuerdos mutuos de estar juntos, disfrutar y despedirnos. A veces son necesarias y uno puede atravesar etapas alimentándose de ellas.
Pero reconozco que el pique no siempre alcanza, que muchas veces responde a una necesidad de no estar solo y puede ser una respuesta provisoria a un necesidad más onda. 

Ahí aparecen las “historias”, la más difícil de encontrar, la más compleja de sostener, pero la que definitivamente más vale la pena. Es la que al fin de cuentas, más persona nos hace. Y aunque hoy concibo la amistad como un capital precioso a cuidad. Se qué detrás de una historia hay un oportunidad de crecimiento y de felicidad muy grande.

Los vínculos cambian y una cosa se puede convertir en otra. Pero cuando uno, de entrada, sabe lo que puede y quiere para con el otro es importante ser sincero y dar las señales correctas. Es que el lío surge cuando los protagonistas de estas relaciones confunden los términos. Es que muchas veces la seducción trabaja cubriendo una cosa con un manto de otra. Cuántos piques se venden como historias,  cuántas amistades encierran deseos de piques, cuántas historias se sostienen en amistades (con derecho)…

Es necesario aprender. Aprender a disfrutar los piques y vivirlos con libertad, sin que eso signifique tapar compulsivamente algo más profundo. Aprender a estar abierto a una historia, sin miedo a sufrir y sin presionarse por nuestra necesidad de no estar solos. Y aprender a cultivar amistades que nos acompañen en todo esto. 

Es que al final, sabio es el que se sabe cuidar y no empeña su afecto en vano. Sabio es el que aprende a distinguir las señales del otro y si las acepta, se permite jugar el mismo juego. Pero todavía más sabio, o mejor, más noble, es el que respeta, y, por que no, cuida al otro, el que construye vínculos desde la transparencia, sea cual sea. 

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This entry was posted on October 11, 2013 by .
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