Soy Penumbro

Entreabriendo el closet

La batalla final

Hace un par de meses conocía el amor no correspondido… Me enganchaba con alguien que definitivamente estaba en otra y el deseo no encontrando correlato necesariamente tenía que morir.

Estas últimas semanas me tocó vivir el amor, o enamoramiento, que encuentra sintonía en el otro. Afinidad, gustos en común, encanto y una sensación que parece reflejarse en el otro con la misma intensidad. Es ese amor correspondido que potencia el que uno siente, que ilusiona y llena de vida.

Pase las dos semanas más lindas de mi vida. Latía y vibraba sintiéndome, quizás por primera vez, enamorado de otro que vivía lo mismo. Esa sensación diaria de levantarse y acostarse pensando en la misma persona que ocupó tu cabeza y tu corazón todo el día. Es ese deseo de mirar al otro y hundirse en sus ojos, de encontrar su alma y de ver  en su reflejo la mejor cara de uno mismo.

Me preocupaba, me importaba otro con nombre y apellido. Quería saber de su vida, de sus problemas, servir de apoyo, de contención. Y lo más lindo era ver crecer el mismo deseo en el otro. Era la miel del amor correspondido. 

Pero a veces, correspondencia no siempre significa compatibilidad.

Y aquí ocurre la batalla final, que termina por jugarse en el terreno de lo sexual. Somos felices con el otro, nos llevamos bien, compartimos las mismas cosas, nos divertimos juntos, tenemos los mismos valores, nos queremos… pero… la química se termina cuando nos encontramos en la cama. Y lo que parecía correspondencia, se desarma lentamente y termina condenando el amor.

La historia sufrió su peor herida la noche en que aquello no pasó. Pese al deseo inicial, a la intensidad del arranque, y al buen sexo de las noches anteriores… en un momento algo se cortó. Las ganas se esfumaron y el otro dejó de generar lo que generaba. (O más complejo yo dejé de generarle lo que generaba)

La cabeza entra a jugar su más maquiavélico partido, los miedos potencian lo negativo y todo se tiñe de imposibles.  Cuando la esperanza se termina, poco queda por pelear. El gusto por el otro, la atracción y la química se comienzan a desvanecer. Y el cariño, la afinidad, los gustos en común no alcanzan.

Y la batalla final se jugó ahí. En un mal día de sexo, que se convirtió vaya uno a saber como en el principio del fin.
Fue así como se comenzó a desdibujar la posibilidad de un proyecto de pareja. Aunque sospecho que este pequeño argumento es en realidad la expresión de un tema de compatibilidad.

Queda el consuelo de una preciosa historia, y de una persona importante en mi vida. Nadie sabe qué forma tomará y siento que la amistad honda es una alternativa. No vivida como “premio consuelo” sino como el vínculo que con honestidad dos personas decidieron tener. Al final no todo es: “todo o nada”. La construcción de los vínculos toma la forma que las dos personas desean y sienten los vuelven más felices y plenos.

Confieso que hoy me trago la tristeza. Pero asumo el que sin duda amar, aunque implique dejar de hacerlo nos sigue regalando un instante de felicidad y plenitud, que aunque se transforme en otra cosa por una relación incompatible, siempre termina valiendo la pena. 

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This entry was posted on October 22, 2013 by .
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