Soy Penumbro

Entreabriendo el closet

Maldita ansiedad

Si hay un mal que me propongo combatir este nuevo año es mi ansiedad. Reconozco que hubo algo que me mortificó en los últimos meses: las ganas de “resolver” mis temas personales. Esa maniática compulsión de ser proactivo, de tildar los checklist, de avanzar, hacer, moverse… tan valorada en el ámbito profesional en lo personal genera grandes problemas.

La soledad del último tiempo y las ganas de estar con alguien a veces empujan al fracaso. Uno pierde el control de la situación y más que dejar que la cosa fluya uno empieza a moverse innecesariamente. Ponerle demasiada cabeza al tema, sentirse estratega y sobre actuar, son los enemigos de una historia que podría comenzar bien.

Hay que reconocer dos verdades:

La primera es que las cosas que tienen que pasar: pasan, con un mínimo de actitud y apertura al encuentro.
Es importante relajarse, dejarse llevar y que la cosa tome la forma que tenga que tomar, sin imponer nada.
Para esto, controlar la ansiedad, ponerle freno, pensar dos veces y hacer menos de lo que uno quisiera.

La segunda es saber que no todo depende de uno. Ni siquiera la mayor parte depende de uno sino un miserable 50%. En esto del encuentro con otros y las historias hay que ser cociente de que es un baile de dos. El otro es tan responsable como uno a la hora de manifestar deseo y ganas de continuar. Y hay que saber leer las señales, las positivas y, obviamente, los silencios. Un mensaje alcanza, dos sobran. Si doy un paso, el siguiente lo da el otro sino es suficiente para saber que esa dirección no era la correcta y algún otro camino se abrirá para salir a un nuevo encuentro.

Hay que aceptar la indiferencia de los otros con dignidad, saber que uno no es para todos y eso no debería afectarnos la autoestima. La incompatibilidad no debería significar que no somos valiosos, sino que no somos adecuados para esa persona. Es el otro el que se pierde la oportunidad y si no hay interés… entonces no era la persona y listo.

En todo este baile, me comprometo a hacer silencio y respirar hondo, una, dos, veinte veces. Y cuando la calma vuelva al cuerpo y la cabeza se desconecte, ahí estaré en condiciones de seguir esperando. Y es que en el mundo de los afectos más que buscar y hacer, hay que simplemente disponerse y dejarse encontrar.
Y la última, todo se trata de disfrutar, de aprender a vivir los pequeños momentos, duren lo que tengan que durar.

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This entry was posted on January 3, 2014 by .
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