Soy Penumbro

Entreabriendo el closet

La madurez de un nuevo ritmo

Mi historia de enero rompió el patrón de salientes que tuve el año pasado. Si el 2013 estuvo caracterizado por intensas y cortas relaciones, esta viene pautada por un nuevo ritmo en que la cosa se concibe y crece: lento, tranquilo y maduro.

Luego de varias historias donde la cosa era frenética e impulsiva, de mensajitos permanentes, de “te extraño” prematuro, de sexo impulsivo fuera de contexto; me enfrenté a una persona que por su tiempo de vida me forzó a cambiar la mirada y a concebir una relación marcada por la madurez.

Desde un comienzo él aviso que estaba saliendo de una relación y que quería ir muy tranquilo. Efectivamente fue fiel a su aviso y cumple con su palabra. Hace menos de un mes que estamos hablando, las primeras semanas a puro mensaje. Las últimas dos semanas fueron de conocerse personalmente, con algunas salidas espaciadas en el tiempo, algún beso, cuotificados mensajes mutuos y nada más. No sexo, no largas conversaciones por mensaje, no llamadas. Simplemente un mínimo ida y vuelta de señales que demuestran interés.

La realidad es que pese a mis dificultades y tensiones internas estoy aprendiendo a valorar esta manera de arrancar una historia. Tengo una invitación a dejarme llevar, a aprender del nuevo ritmo, a capitalizar la experiencia y a apostar a algo que podría funcionar. Pero confieso que el viejo estilo al que me acostumbré el año pasado, tira fuerte y pide mayor velocidad.

Lucho con mi ansiedad y mi inseguridad. Por momentos me siento conteniendo un deseo de chequear la bendita correspondencia, ganas de forzar un cambio de ritmo y de generar encuentros más seguido. Me siento algo reprimido, aceptando el ritmo pautado por el otro, con la seguridad de que es alguien que vale la pena.

Siento que es un antídoto que me marca la vida para mi compulsiva ansiedad, aunque me he sorprendido más de una vez chequeando y chequeando su “última hora de conexión” preguntándome: porque, si está “en línea”, no tiene el detalle de mandarme un mensaje.

El saldo final es que pese a que es intensa la lucha interna, tengo la convicción de que vale la pena soportarla por el crecimiento al que me está obligando. Es la persona con la que he salido más cercana a mi edad y creo de las más maduras. Esto pauta todo y al mismo tiempo es una confirmación de lo valioso que puede ser si toma forma. Es que hay algo de madurez en todo esto.

Madurez es confiar en lo que uno vive. Vivir las cosas con calma, logrando trascender lo impulsivo, las carencias, las inseguridades. Dejar las cosas fraguar, que toquen las fibras íntimas de los afectos y que no solamente movilicen desde la compulsión. La madurez es un proceso, que se va dando con el tiempo, las experiencias vividas y la capacidad de mirarnos y reflexionar. Pero hay cosas que dependen de nuestra voluntad y es que también podemos madurar invitándonos a vivir las cosas con otra perspectiva. Rompernos el paradigma interior que se nos impone e intentar mirar la realidad desde otra perspectiva. Tenemos que aprender, a veces, a forzar la madurez, para que brote en nosotros una versión mejorada de existir.

La verdad es que no me está resultando sencillo. Pero quiero forzarme a cambiar la pisada. Quien dice si esto no es el inicio de una historia, sino será al menos, el inicio de una nueva manera de concebirlas con mayor madurez. Incluso lo último vale la pena.

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This entry was posted on January 21, 2014 by .
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