Soy Penumbro

Entreabriendo el closet

Recetas para llenarnos de vida: un gran deseo

A veces nos ponemos existenciales, y sentimos que estamos en un momento bueno o necesario para hacernos preguntas hondas, que esas que se meten en los cimientos de nuestra vida.

Pasa el tiempo y nos metemos en una rutina, segura, calma y aparentemente necesaria. Pero en determinado momento arranca el hartazgo y es necesario un cambio de dirección. Sucede que cambiar de rumbo a veces compromete nuestro status actual, y el riesgo puede atemorizar y mantenernos en la monotonía. Pero la incomodidad sigue ahí, molesta y en determinado momento decidimos enfrentarla.

En la última parte de mi vida estos cambios vinieron por nuevos trabajos. Con la excusa siempre valida de mayor desafío profesional y algo más de dinero, cada dos años dejaba una empresa para irme a otra. Y eso naturalmente revoluciona por un tiempo la vida. Nuevos compañeros, ambientes, culturas. Se forjan nuevos vínculos, se lucha con el derecho de piso. Aprendizajes y capacidad de adaptación. Las nuevas metas, los mil planes, la ejecución de cosas, los resultados y logros.

Pero ahora parece que no es igual. El cambio de trabajo no parece tan sencillo y mi realidad es que tengo demasiado ganado como para arriesgarlo. Y la pregunta de fondo ¿es este el camino?

Ahí es donde me enfrento a mí mismo y trascendiendo mi circunstancial trabajo intento verme en lo más profundo. Es ahí donde trato de encontrar la dirección que le estoy dando a las decisiones que voy tomando, que no tiene que ver solamente con el punto al que quiero llegar sino con el camino que elijo para alcanzarlo.

Hay una respuesta clásica a la pregunta sobre qué buscamos en la vida, ser felices. Pero hay otra que a veces viene con esta y es amar. Amar está encerrado en cosas tan bonitas como abrazar a un amigo, ver crecer un hijo, decirle la verdad a un padre y, finalmente, cruzarse (durante el tiempo que sea) con alguien para caminar juntos. Pero esto es complejo en una vida afectiva entreverada y en circunstancias que a veces nos vuelve muy infelices frente a una profunda incapacidad para amar.

Vivir enraizado en la capacidad de amar, de querer, de dar, nos hace más humanos y seguramente más felices. Claramente el amor de pareja tiene una intensidad seductora y dispara todos los niveles de ilusión y alegría por un momento, pero no hablo solamente de ese amor. Siento que si estuviera en pareja mi monotonía actual no sería tal; pero tengo que entender que eso lamentablemente no depende de uno. Ahí es donde surge el otro camino… este de desarrollar la capacidad de vivir en el amor, desde el amor. Suena fuerte pero le brinda otra dimensión a cualquier tipo de vínculo. Ese es un gran deseo, uno legítimo que habla de destino y camino; y que seguramente llena de vida.

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This entry was posted on March 17, 2016 by .
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