Soy Penumbro

Entreabriendo el closet

Despedirse

Cuando una historia se termina uno lo siente. Según la intensidad con la que esta se haya vivido esto será más o menos doloroso. Seguro es más doloroso cuando uno intuye que es dejado por otra persona, eso sí que es jodido. Pero son las leyes del mercado. Quedará saber si el otro fue más o menos prolijo, pero este dato seguramente lastima el recuerdo de lo lindo vivido y no nos permita capitalizar los aprendizajes que todo encuentro nos deja.

Las relaciones a distancia son difíciles de sostener y van incubando sentimientos sin que el vínculo esté necesariamente forjado o sea correspondido. Los medios digitales nos permiten estar 24 horas conectado con el otro (y le permiten al otro estar al mismo tiempo conectado con muchos otros). Y así vamos generando vínculos virtuales, anidando sentimientos y dejándolos crecer. Hay que verse, concretar y dejar las cosas claras. Sin quemar etapas claro está, pero sin presuponer nada y sin que los tiempos dilatados nos jueguen en nuestra contra.

Lo coincidencia es clave. Compartir el mismo tiempo vital hace la diferencia. No hablo solamente de edades compatibles (aunque reconozco que muchas veces las edades definen lo anterior), hablo de que existencialmente estemos en una misma fase, que nuestras necesidades, deseos y miradas sobre una relación sean compartidas. Si no lo son, corremos el riesgo de simular algo que no pasa, tolerar cosas que no deberíamos. Que la madurez afectiva nos permita compartir un tiempo de crecimiento juntos. La falta de estos condena el vínculo. Tenemos que aceptarlo a tiempo, antes que sea demasiado tarde.

Hasta ahí lo racional del aprendizaje.

Estoy triste. Ser dejados (y por otro) nos contacta con esos espacios oscuros de experiencias de “no queridos”. No es agradable. Soy sensible a estas cosas, me vuelvo extremadamente vulnerable a los movimientos afectivos. Así como me enamoro rápido y me involucro, renunciar a me cuesta mucho.

Sé que es cuestión de tiempo que pase.

Hace un tiempo escribí: “Cuando uno quiere a alguien y lo quiere de verdad, puede negarse el egoísta deseo de estar y poseer al otro, para soltar y abrir las manos aceptando que su felicidad no está necesariamente junto a uno.” Quiero seguir creyendo que esto puede ser cierto. Pero mi realidad bastante lejos está de encarnarlo.

En mi interior me despido de esta historia que pude ser y no fue. Me aferro con esperanza a que lo mejor está por venir y a qué de estas siempre se aprende.

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This entry was posted on April 19, 2016 by .
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